El Ministerio de Economía reportó un superávit primario de $930.000 millones para marzo. Expertos señalan la complejidad de sostener el ajuste del gasto ante la caída de ingresos y presiones inflacionarias.
El Gobierno nacional celebró el resultado fiscal de marzo, que arrojó un superávit primario de $930.000 millones y un superávit financiero de $484.000 millones. El Presidente Javier Milei reafirmó su compromiso con la meta de equilibrio fiscal, descartando una relajación de la política económica.
Sin embargo, economistas de diversas tendencias observan desafíos en el horizonte. La recaudación tributaria acumula ocho meses de caída en términos reales, mientras que el gasto público presenta componentes cada vez más rígidos para recortar. El principal ítem, los pagos de jubilaciones y pensiones, que representa cerca de la mitad del presupuesto, se ajusta por inflación pasada, lo que podría presionar las cuentas en los próximos meses.
Por otro lado, existen desembolsos pendientes por fallos judiciales, como el correspondiente al financiamiento universitario, cuyo pago impactaría significativamente en el resultado fiscal reportado. La Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC), utilizando una metodología de caja, ya reportó un déficit primario para marzo en la administración central.
Desde el Ministerio de Economía, a cargo de Luis Caputo, se atribuyó la caída en los ingresos a las medidas de alivio impositivo implementadas. No obstante, indicadores como la recaudación del IVA y los aportes a la ANSES, que evolucionaron por debajo de la inflación, también reflejarían un enfriamiento de la actividad económica.
El debate se centra ahora en la sostenibilidad del ajuste fiscal frente a un contexto de contracción económica y presiones inflacionarias persistentes.
