El emblemático espacio gastronómico de la zona de la Balcarce, en Mitre y Necochea, renueva su propuesta con desayunos, almuerzos y cenas de alta cocina local.
Salta, bendita ciudad. En cada esquina una historia. Entre paredes y muros se dicen tantas cosas. Más lindas las cosas que se dicen, mientras comemos. Un clásico de la zona de la Balcarce, aunque en paralelo, más bien en Mitre y Necochea. Parece que observa de un costado, toda la vorágine. Asoma desde el umbral como exclusivo, pero también es del pueblo.
Un bistró minimalista que supo vestir cenas de gala y que ahora también ofrece desayunos y almuerzos accesibles a diario. Sus reformas recientes lo convierten en un sitio moderno, muy elegante, pero a la vez relajado y confortable. Todo está prolijamente estudiado, con notable atención en el diseño: los colores, la iluminación, el mobiliario, la cava.
En la barra recibe Enrique con toda su experiencia y vocación de servicio. Llegamos al corazón del lugar, la cocina. Es emocionante saber que los propios dueños son cocineros y se conectan entre sí para el comensal. María Sol Grillo y Matías Álvarez, ambos cordobeses pero salteños por elección, tomaron la posta de uno de los lugares insignia de la gastronomía salteña. Se enfocan en los productores, están convencidos de la materia prima local, de su calidad y sus variables. Consideran sus obras como cocina de territorios.
Como resultado se ven platos armoniosos, muy cuidados. Se percibe alta cocina con productos autóctonos y reversiones de clásicos con un acento norte argentino. En el desayuno hay opciones dulces y saladas de nivel supremo: panes de masa madre, laminados, productos en hojaldre. La calidad es elevada, las proporciones generosas.
Vuelvo a insistir en el interior y la atención. Absolutamente profesional. Luz Guerrero es la encargada del marketing; está en cada detalle del mercado y el manejo de las redes, hace de nexo y acompaña en cada inquietud. Así también el equipo de cocina y de servicio. En ambos turnos parecen estar entrenados para cualquier escenario. Es un deleite la experiencia.
Es muy probable que semejante sensación lleve a una estadía completa: desayuno, almuerzo, una caminata o paseo y terminar en una cena. José Balcarce sigue vigente, intacto, con nuevo color, con otro calor. Su permanencia es el agregado de su valor; su humanidad, el resultado de servir con amor.
