En un juicio por jurado en Orán, los fiscales presentaron pruebas que vinculan a Héctor René Aparicio con el homicidio de Ricardo Erva, ocurrido el 25 de septiembre de 2024. La caja de una cocina hallada junto al cuerpo resultó clave para la acusación.
Los fiscales penales María Soledad Filtrin y Santiago López Soto, junto al secretario relator de la Procuración General, Aldo Saravia, representan al Ministerio Público Fiscal en la audiencia de debate bajo la modalidad de juicio por jurado contra Héctor René Aparicio, acusado de homicidio calificado por alevosía en perjuicio de Ricardo Erva.
El juez técnico Mario Maldonado, luego de brindar las instrucciones iniciales a los miembros del jurado, dio lugar a la fiscal penal Filtrín Cuezzo para que realice los alegatos iniciales. En ellos, destacó que la víctima y el acusado se conocieron en un contexto de detención en la cárcel federal de General Güemes, donde forjaron una relación de amistad y confianza. Mantenían contacto por la venta de un vehículo y los días previos al 25 de septiembre de 2024, para lo cual Erva viajó desde Salvador Mazza a Orán. Se reunieron para intentar vender una camioneta y, al no poder hacerlo, la víctima se decidió a volver a Salvador Mazza, pero previamente se dirigió hacia la vivienda de Aparicio.
Ya en el domicilio del acusado, Erva fue atacado por Aparicio con tres golpes con un elemento contundente en la cabeza y un elemento filocortante, con el que le provocó 27 puñaladas en el cuerpo, dos de ellas letales. La fiscal sostuvo que el imputado actuó sobre seguro, aprovechando una relación de confianza previa con la víctima. La agresión se produjo de manera sorpresiva, anulando toda posibilidad de defensa. “Obró totalmente a traición porque Erva estaba indefenso”, aseguró.
Destacó que, para deshacerse del cuerpo, Aparicio cargó a la víctima en una camioneta sobre un cartón que correspondía a una cocina que había comprado, y lo trasladó 15 km por la ruta 5, hasta una zona rural, donde lo arrastró hasta una cortina de árboles y dejó abandonado el cuerpo, cubriéndolo con troncos y ramas. El cuerpo fue encontrado el día 29 de septiembre, con un detalle considerado fundamental: la caja usada para el traslado, que pertenecía al imputado.
“En el camino de la impunidad”, la Fiscal señaló que Aparicio se trasladó a Embarcación, donde buscó a un amigo que le guardó por dos días el vehículo usado para el traslado, y luego lo vendió para saldar sus numerosas deudas. Se mudó de domicilio y se deshizo de su línea telefónica.
Luego fue el turno de la defensa técnica de Aparicio, de hacer sus alegatos iniciales y plantear su teoría del caso ante el Jurado. Ya en la etapa de producción de prueba, comenzaron las testimoniales con la declaración de un Licenciado en Criminalística, quien con imágenes previamente seleccionadas con acuerdo de las partes, explicó las circunstancias en que fue encontrado el cuerpo, las huellas que llamaron la atención, tales como de arrastre y de un vehículo, y que le permitían concluir que el hecho no se produjo en el sitio donde fue dejado. En este contexto, en el domicilio del acusado se encontró una mancha de sangre, que fue sometida a pericias.
Los siguientes testigos fueron la pareja de Erva, que se refirió a la última vez que lo vio con vida; y dos primos del fallecido, que coincidieron en que el 25 de septiembre éste debía volver a Salvador Mazza a dejar una camioneta con Aparicio y no supieron nada más de él. La quinta testigo fue una médica del CIF Orán, quien se refirió a la autopsia realizada al cuerpo de Erva, y su exposición fue con un soporte de gráficos (sin exhibir imágenes). De esta manera explicó al jurado que presentaba 3 hematomas en el cráneo, que habrían sido producidos con un elemento duro y contundente. Las describió como lesiones graves y de tamaño considerable y que eran aptas para provocar la pérdida de conocimiento, y constató las 27 puñaladas en distintas partes del cuerpo, tres de ellas vitales en la zona torácica. También aclaró que el cuerpo de Erva no presentaba signos de defensa.
Durante la tarde, declaró un efectivo policial de la Unidad de Investigación UGAP, quien tuvo a su cargo el análisis de comunicaciones y de impactos de antenas entre la víctima y el acusado. Señaló que, durante los tres días previos al homicidio, Erva y Aparicio coincidían en ubicación debido a sus encuentros, y que el 25 de septiembre es la última fecha en la que se registran comunicaciones de la víctima. Indicó que, según el informe, el teléfono de la víctima se dirige hacia la vivienda del imputado y luego no registra más movimientos. Posteriormente, explicó los desplazamientos del celular del acusado, primero hacia el lugar del hallazgo y luego hacia el sitio donde se guardó la camioneta que intentaba vender. También se refirió a las comunicaciones de la pareja de Aparicio, de las que surge la preocupación existente por las deudas familiares y cómo, repentinamente, estas fueron saldadas, además de la mudanza del domicilio. Mencionó asimismo otros mensajes en los que el acusado señalaba que ya había terminado “el trabajo” y que esperaba cobrar. Se exhibieron videos extraídos de los teléfonos, en los que se observa la caja de una cocina que luego fue hallada con sangre junto al cuerpo.
