Ludmila Belizán, de 17 años, vive con displasia geleofísica, una enfermedad genética rara. A meses de cumplir 18 y finalizar la secundaria, relata su experiencia de autonomía y proyectos.
Ludmila Belizán tiene 17 años, mide 1,04 metros y vive en Libertad, partido de Merlo. Nació con displasia geleofísica, una alteración genética que afecta el crecimiento óseo y provoca talla baja, manos y pies pequeños. Según informó, utiliza un banquito plegable para cocinar, alcanzar objetos altos y desenvolverse en espacios no adaptados. «Yo puedo, de manera distinta, pero puedo», declaró.
Su madre, Gabriela García, recordó que el embarazo y el parto fueron normales, pero con los meses notaron retrasos en el desarrollo. Tras consultar con varios profesionales, fue derivada al Hospital Garrahan, donde recibió el diagnóstico. «Para nosotros significó muchísimo estar ahí porque se ocuparon de ella y también de nosotros», afirmó García.
Ludmila practicó baile, gimnasia y patín artístico. Afirmó que no sufrió bullying grave: «Sí, me ven diferente, porque lo soy, pero no me molesta». Sin embargo, señaló que le incomoda que la infantilicen. «Quiero que me traten como una persona normal», sostuvo.
En el plano afectivo, inició una relación de noviazgo con Juan Cruz, compañero del colegio, el 7 de febrero de 2025. Planean viajar juntos al viaje de egresados en octubre. Ludmila tiene previsto terminar la secundaria este año y estudiar abogacía. «Sueño con tener mi propia casa, manejar un auto y viajar», expresó.
La familia destacó la importancia de la adaptación escolar y social. «Siempre hay una forma de poder hacer lo que te propongas», concluyó Ludmila.
