En un contexto de mayor visibilización de la salud mental, una psicóloga local explica los factores detrás del fenómeno y la importancia de la prevención.
En medio de un contexto nacional marcado por la crisis económica y la incertidumbre social, especialistas advierten un incremento en la demanda de atención psicológica y una mayor visibilización de problemáticas que permanecieron relegadas. En Salta, este escenario se cruza con situaciones recientes que generaron alarma, como una seguidilla de amenazas en colegios, muchas protagonizadas por adolescentes.
Para comprender este fenómeno, Salta En Directo dialogó con la psicóloga Cynthia Molinari. «No es que de pronto estamos más necesitados, eso puede ser engañoso. Es más bien la consecuencia acumulada de un descuido sostenido y socialmente validado durante mucho tiempo», explicó la profesional.
Según Molinari, durante décadas la salud mental ocupó un lugar secundario, incluso dentro del ámbito científico. «La psicología no era tomada en serio, y quien acudía a un psicólogo o psiquiatra era estigmatizado», recordó. Recién en los últimos años comenzó a integrarse de manera más formal en instituciones y sistemas de salud.
En ese proceso, la pandemia de COVID-19 marcó un antes y un después. «Fue un catalizador. El encierro nos mostró la importancia del contacto con otros, de los vínculos, de la salud emocional», sostuvo. Sin embargo, también dejó secuelas, especialmente en adolescentes, que intensificaron sus relaciones a través de las redes sociales.
Ahí aparece otro de los factores clave: la fragilidad de los vínculos. «Vivimos en una época donde el lazo social es más débil. Los adolescentes tienen menos referencias estables, menos adultos disponibles simbólicamente y están más expuestos a miradas anónimas, muchas veces crueles», advirtió.
En ese contexto, fenómenos como las amenazas en escuelas no pueden analizarse de forma aislada. «No hablan solo de violencia. A veces son una forma de decir ‘acá estoy’, de expresar que algo no está funcionando», explicó, aclarando que no se trata de justificar, sino de entender para intervenir mejor.
Otro punto central es la caída de la autoridad. «No hablo de autoritarismo, sino de esa figura que ordena, que pone límites. Hoy muchas veces los adultos ocupan un rol más de pares que de referencia, y eso genera desorientación», indicó.
A esto se suma la hiperestimulación y la inmediatez propia de las redes sociales. «Hay una dificultad creciente para tolerar la frustración. Un psiquismo que no tolera el ‘no’ está más expuesto a respuestas extremas», señaló.
Frente a este panorama, Molinari planteó la necesidad de cambios concretos: «Hay que reconstruir la autoridad como referencia, capacitar a padres y docentes, generar espacios reales de escucha y trabajar la tolerancia a la frustración desde edades tempranas».
Finalmente, dejó un mensaje claro: «La salud mental no es algo accesorio. Durante mucho tiempo se la trató como un lujo o una vergüenza, y hoy estamos viendo las consecuencias». En un escenario donde los síntomas son cada vez más visibles, el desafío parece estar en dejar de reaccionar solo ante la crisis y empezar a construir, de forma sostenida, herramientas de prevención, contención y acompañamiento.
