Mientras los sectores de minería y energía muestran dinamismo y atraen inversiones, la industria, el comercio y el consumo interno registran un desempeño más débil, en un contexto de restricción crediticia y cautela bancaria.
La economía nacional presenta un desempeño dispar. Por un lado, los sectores de minería y energía registran un mayor dinamismo y capacidad para atraer inversiones, posicionándose como generadores clave de divisas. El Gobierno busca acelerar un paquete de medidas para incentivar aún más las inversiones en actividades vinculadas a materias primas.
Por otro lado, la industria, el comercio y el consumo interno enfrentan un panorama más complejo, afectados por una caída en el poder adquisitivo y un mercado que reduce ventas y márgenes. Esta situación contrastante configura un escenario económico de dos velocidades.
Un factor adicional que preocupa es la restricción en el crédito. Los bancos han adoptado una postura más cautelosa debido al aumento de la morosidad en familias y empresas, lo que limita la expansión de los préstamos. Esta coyuntura podría mantener débil la demanda interna, ya que un menor acceso al crédito impacta en el consumo financiado y en la reactivación de la actividad económica cotidiana.
El desafío para las autoridades es potenciar los sectores en crecimiento mientras se buscan mecanismos para reactivar el consumo sin que el crédito se convierta en un problema de riesgo financiero.
