Fue un gesto de líder. Ander Herrera eligió estar. Viajó a Salta, acompañó al grupo y se mostró cerca en un momento incómodo para Boca. Sin embargo, finalmente no ocupó un lugar entre los relevos en el cruce ante Gimnasia y Esgrima de Chivilcoy por los 32avos de la Copa Argentina.
Aunque no hubo una comunicación oficial, el contexto pudo haber sido determinante. La lluvia dejó el campo pesado, lento, exigente desde lo físico. Y en ese escenario, la evaluación del cuerpo técnico en conjunto con el propio futbolista habría inclinado la balanza hacia la preservación. Ander había vuelto a ser convocado tras tres partidos y la idea era sumarlo de manera progresiva, sin exponerlo a un riesgo innecesario en una superficie compleja.
El español hizo el esfuerzo por estar. Quiso acompañar, dar la cara y transmitir respaldo puertas adentro. En la previa había sido claro con el mensaje: “Tratarlos con el respeto que merece cada rival que enfrentemos. Si ganamos tenemos más opciones de ganar el sábado y luego a Lanús y así consecutivamente”. Una declaración que marcó el foco en lo inmediato y en la construcción paso a paso.
No estuvo en el banco, pero sí presente. A veces el liderazgo también pasa por eso: por viajar, por apoyar y por priorizar el equipo
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