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Madre e hija escribieron un libro sobre romance y sexualidad protagonizado por personas con discapacidad

A través de 10 relatos reales, Mariana Weschler y Solana Baisburd intentan darle visibilidad a un colectivo que no suele tener espacio en el mercado. “Para que puedan sentirse identificados y reivindicar su lugar”, expresaron a TN.

Agustina Sturla

(Foto ilustrativa: Adobe Stock)

Madre e hija escribieron un libro sobre sexualidad y vínculos protagonizado por personas con discapacidad para reflejar una realidad posible. (Foto ilustrativa: Adobe Stock)

Todo color de rosa, estético y con protagonistas cuya sexualidad no se sale de la norma. Así suelen ser -generalmente- las historias románticas tanto en las series como en los libros. Pero, ¿qué pasa en la industria con el deseo y las relaciones en personas con discapacidad cuando los personajes reflejan una realidad que no los representa o que ni siquiera los muestra?

Con el objetivo de darles visibilidad, Mariana Weschler y Solana Baisburd reunieron relatos atravesados por el amor, el sexo y los vínculos para mostrar que esa también es una realidad posible. “Es la manera de hacerlos presentes y protagonistas, que puedan sentirse identificados y poder reivindicar su lugar”, expresaron las autoras en diálogo con TN.

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Solana estudia el profesorado de Educación Especial y para el trabajo final de la carrera eligió teorizar sobre una ausencia que notó con el correr de los años: la falta de voces en el mercado que hablen sobre la pasión y el amor en personas con discapacidad.

“¿Escuchaste o viste historias de personas adultas con discapacidad intelectual ejerciendo su derecho a ser miradas, queridas, deseadas?”, era su hipótesis inicial y la que llevó a proponerle a Mariana, su mamá, escribir un libro juntas sobre el tema. Así nació “Los besos después por favor. Historias de amores disca”.

La joven de 26 años fue recopilando testimonios y anécdotas reales; mientras que fue Weschler -que es diseñadora gráfica, ilustradora y escritora- la que les dio forma literaria, ya que quizás venían con un lenguaje más técnico y necesitaba que fuera más atractivo para la lectura. Además, también acompañó el texto con ilustraciones, lo que lo hace más didáctico y llamativo.

“Sol viene con una mirada distinta, de notar ciertos detalles y más teóricos. Por eso eligió contar en relatos cortos, simples, representados con ganas, que abren interrogantes y no hacen juicio”, contó. Su hija, en tanto, aseguró que el proceso juntas fue increíble, emocionante y de aprendizaje total.

Madre e hija, autoras de

Madre e hija, autoras de «Los besos después por favor. Historias de amor disca». (Foto: Mariana Weschler)

Su interés por el tema no surge por casualidad. Una de las integrantes de la familia tiene una discapacidad, lo que volvió más personal alguno de los relatos. Sin embargo, ambas admitieron que al conocer la temática de cerca la internalizaron y se formó una especie de velo en sus ojos que se destapó: “Crecer con la discapacidad en casa me hizo creer que era parte de la norma. La diferencia me la marcó el afuera, lo que me llevó a pensar que el trabajo que hay que hacer es prácticamente con la sociedad”, señaló Baisburd.

En esa línea, remarcó: “Es importante que las personas ‘disca’ se vean reflejadas. Intentamos vislumbrar la situación para empezar a incorporar esa mirada en distintos lugares, para que deje de ser tan tabú. Está bueno pensarlo, reflexionar y darle su lugar. No solo a partir de ayuda o diagnósticos, sino con más apoyo social”.

Identidad, reivindicación y visibilidad: los puntos centrales

¿De qué va el libro? Según detallaron las autoras, sin spoilear, se trata de diez relatos de personas en situaciones de deseo: desde una caricia, el hecho de ser mirados y deseados, las presiones sociales con las que se enfrentan, compartir un momento con un otro, tener una pareja y hasta la decisión de tener relaciones.

“Aborda la sexualidad de forma amplia, saliendo del coitocentrismo y penetración. Muchas veces en los mitos y creencias de las familias, piensan que (las personas con discapacidades) son seres asexuados y no es así, ellos viven su sexualidad con normalidad. Al igual que los tildan de ‘angelitos’ o ‘buenitos’. Son personas como vos y yo, es fundamental humanizarlos”, sostuvo Mariana.

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Asimismo, remarcó: “Es la manera de hacerlos presentes protagonistas. Son como un caso a resolver. Es una comunidad que puede tener una mirada más rica para aportar y no se le ofrece tanto lugar”.

En ese contexto, se mencionó la poca -por no decir, nula- aparición de personas con discapacidad en la pantalla grande o en los libros. Hay intentos de inclusión, como lo hubo el año pasado con la serie División Palermo, pero son pocos los que apuntan en esa dirección.

Algunos de los dibujos que aparecen en el libro. (Ilustraciones: Mariana Weschler)

Algunos de los dibujos que aparecen en el libro. (Ilustraciones: Mariana Weschler)

“Deberían ser protagonistas más seguido, en más oportunidades. Siempre los hacen hacer la visita al médico, un personaje secundario o tienen una única aparición. Si bien ahora las redes permiten que las mismas personas puedan contar su propia historia, son un colectivo más pequeño y menos visible. Hay que reivindicar su lugar, que los muestren en su vida cotidiana, de posibilidades positivas”, planteó Weschler.

Pero para las dos es satisfactorio el efecto que causa el libro, el hecho de que haya personas que se identifiquen: “En uno de los centros en los que trabajo, una chica nos dijo que estuvieron leyéndolo y hablaron sobre lo que les pasaba. Esas voces no suelen ser escuchadas, no tienen forma de serlo. Por eso es un tema necesario y no ponernos como si fuéramos ellos, sino reflejarlo y representar la mirada de ese lugar”.

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En base a eso, Baisburd dijo: “Nosotras no solo escribimos los relatos porque tenemos un familiar con discapacidad. Estaría bueno que fuese así para todos, que el libro pueda ser accesible e identificable para cualquiera porque no son relatos cerrados, te lleva a reflexionar y repensar nuestro lugar”.

Por su parte, la madre cerró: “Que podamos replantearnos la mirada, reflexionar, instalar nuevas preguntas e invitar a abrir el diálogo. Desromantizar la discapacidad sin deserotizarla”.

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