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Alcaraz entendió que tenía que trabajar para ganarle a Zverev y así construyó una remontada enorme para ser el campeón de Roland Garros

Roland Garros 2024 llegó a su fin y trajo algunas certezas porque el escenario empieza a quedar más claro en el tenis mundial. El torneo comenzó con un tinte melancólico porque todo hace indicar que fue la última gran función de Rafael Nadal en París, su feudo. Pero no solo el español entró en modo despedida: este Grand Slam fue el último para Alize Cornet y lo pudo ser también para leyendas como Andy Murray y Stan Wakrinka.Por eso, superada la difícil situación de aceptar el paso del tiempo, no queda otra que empezar a mirar (y admirar) a las nuevas generaciones. Porque llegó, finalmente, el recambio para el Big 3 que dominó el circuito masculino en las últimas dos décadas.

Quedó confirmado con el ascenso, merecido por cierto, de Jannik Sinner a la cumbre. El retiro de Novak Djokovic, con una lesión que lo llevó al quirófano tras el partidazo con Fran Cerúndolo y que lo dejará posiblemente sin Wimbledon, le permitió al italiano apropiarse del número uno del mundo. Es el corolario de una gran comienzo de temporada, más allá de haberse quedado en semifinales en el polvo de ladrillo de la capital francesa.

Otra confirmación que dejó París es el reinado de Iga Swiatek. Jugó seis veces en Bois de Boulogne y ya suma cuatro coronas. La polaca demostró que es prácticamente invulnerable en Roland Garros. Por su tenis espectacular, por su tenis fresco, pero también por su tenis impulsivo y determinante. Tuvo su momento de crisis cuando Naomi Osaka la tuvo contra las cuerdas. Pero lo supo sacar adelante y ya nadie tuvo herramientas para detenerla. El que no tuvo que atravesar tormentas antes de alcanzar la cima que levante la mano…

Sin embargo, a la hora de hablar de confirmaciones todo los caminos conducen a Carlos Alcaraz. Este es su tercer título de Grand Slam. Un detalle nada menor: los consiguió en tres superficies distintas y con tan solo 21 años. Y en este caso, en Roland Garros, lo logró además tras dejar atrás un mar de incertidumbres. Antes del torneo por culpa de una lesión en un antebrazo que lo tuvo a maltraer. Y también durante la competencia. Sobre todo luego de necesitar cinco sets para remontar y vencer a Sinner en semis y este domingo para dejar otra vez con las manos vacías a Alexander Zverev, que a los 27 años sigue sin poder coronar su carrera con un major.

Alcaraz y su equipo. Foto: REUTERS/Yves HermanAlcaraz y su equipo. Foto: REUTERS/Yves Herman

¿La final? En un comienzo errático e incierto fue Alcaraz el que se acomodó un poco mejor. El español se alimentó más de lo que veía del otro lado de la red que de sus propias seguridades y de sus propios aciertos. Así se llevó el primer set. El partido, sin embargo, tuvo sus oscilaciones. Esa fue la gran constante.

Emocionalmente iba de un lado para el otro. Sobre todo cuando Alcaraz estando set iguales y 5-2 en el tercero vio cómo esa ventaja se desdibujaba en cuestión de segundos. Cinco games consecutivos ganó Zverev para pasar al frente en el marcador y quedar a un set de la gloria. Sin embargo, el español tuvo la convicción y el espíritu competitivo para volver. El partido fue una madeja enredada. No era sencillo encontrar la punta del hilo. Era fácil no perder la calma.

Lo concreto es que Alcaraz, tan corajudo como arriesgado, volvió a apostar por su juegol. Fue a buscar la remontada. Fue a buscar el partido. Sabe que por sus condiciones naturales no se puede quedar sencillamente a la espera. Así, a partir del cuarto set, jugó muy bien. Siempre para adelante. Tuvo la llave en la combinación del servicio y de la volea, en los drops, en la búsqueda constante de sorprender para romper… Y termina ganando la final más por convicción que por calidad. Ese espíritu incansable, ese espíritu tan joven, tan maduro, pero a la vez tan convincente, le dio la posibilidad de perfilarse y acomodarse para quedarse con el duelo.

La frescura de Carlos Alcaraz y los alcanzapelotas. Foto: REUTERS/Lisi NiesnerLa frescura de Carlos Alcaraz y los alcanzapelotas. Foto: REUTERS/Lisi Niesner

Con el marcador otra vez igualado, con dos sets por lado, llegó el quinto capítulo y el español sacó rápidamente ventajas. Tuvo que transitar sus turbulencias, sus vientos cruzados que, de paso, fueron un condicionante a lo largo del partido. Pero lo supo cerrar. Así vuelve a demostrar una vez más que los partidos no sólo se juegan y se ganan, sino que hay otros partidos, como lo hizo en semis contra Sinner, que sencillamente se trabajan.

Alcaraz, a pesar de su juventud, entiende mejor que nadie que el tenis es el arte de conseguir tu objetivo con las herramientas que tenés ese día. No se detiene en reclamar lo que no funciona, sino que trata de sacarle el máximo provecho a lo que tiene. Su repertorio, dicho sea de paso, vaya que es amplio. Pero este domingo en París dio la muestra de que este tipo de logros se consiguen gracias a la convicción. La creencia y la confianza en uno mismo superan cualquier tipo de dificultades, cualquier tipo de obstáculo y, también, cualquier tipo de rival.

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