Los “Messi” de la educación: el nuevo derecho que quieren darles a los alumnos superdotados

Llamémoslo Lucas. Es líder entre sus compañeros de clase en la primaria, pero eso no le resulta nada cómodo. Termina las pruebas antes que el resto y en vez de agrandarse, se achica. Intenta que no se note tanto, pero no lo logra. Mientras que el profesor de Matemática siempre lo pone como ejemplo: “hagan como hace…

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Llamémoslo Lucas. Es líder entre sus compañeros de clase en la primaria, pero eso no le resulta nada cómodo. Termina las pruebas antes que el resto y en vez de agrandarse, se achica. Intenta que no se note tanto, pero no lo logra. Mientras que el profesor de Matemática siempre lo pone como ejemplo: “hagan como hace Lucas”, la de Lengua lo tiene de punto. A la inversa: “Lucas, dejá que contesten los demás“.

Lucas no existe -no con ese nombre- pero sí las experiencias que representa. Hay miles de chicos y chicas en Argentina que exceden lo de ser “muy inteligente” y están atrapados en un curso acorde a su edad cronológica pero no a su edad intelectual, un nivel más arriba. Literal.

Para quienes están en la situación contraria, existe la repitencia. Para los “Lucas” (y otros que en lugar de liderar sufren bullying por ser “nerds” o tienen problemas de conducta en clase por aburrirse o hacer preguntas incómodas), no hay solución si no interviene la Justicia para adelantarlos un año. Puede que eso esté por cambiar en la Ciudad.

Este martes se presentará en la Legislatura porteña un proyecto de ley para que en las primarias y secundarias públicas y privadas exista el Programa de Educación para niños con Altas Capacidades (ACI).

Sería la primera vez que se legisle en la Ciudad sobre esta temática, que tampoco tiene su ley en Provincia.

Al frente está la diputada Marina Kiernast, de Republicanos Unidos, y por detrás, Daniel Ricart, que se recibió de contador público en la UBA en menos de 2 años y fue un “joven superdotado”. Como experto en educación de niños con capacidades especiales, habló con Clarín de los detalles de esta innovadora normativa.

Daniel Ricart fue un alumno superdotado y se recibió en la UBA en menos de 2 años. Foto: Andrés D’Elia

“Va a ser la respuesta para el universo de niños y familias que hoy no tienen la contención adecuada en el sistema educativo. Y son entre el 2% y el 3% de la población. Hoy si un chico tiene bajo rendimiento pedagógico existen equipos profesionales y protocolos para actuar. Pero si presenta Alta Capacidad, nadie sabe qué hacer”, arranca Ricart.

Tiene 53 años y en los 80 terminó su carrera en un año y 10 meses, un hito que lo llevó a recibir el título de parte del entonces presidente, Carlos Saúl Menem. Un test que hizo en la secundaria antes había arrojado que su coeficiente intelectual era de 175, cuando el promedio se ubica en los 100 puntos. En todas las escalas ese número es propio de un genio. 

Enseñó a chicos como él en Harvard y es el referente de los alumnos “superinteligentes” de Argentina. Está también detrás del proyecto de la “Ley Benjamín”, que ya analiza la legislatura bonaerense y que se llama así por el niño que logró, con un recurso judicial, pasar de grado en La Plata. Las autoridades de la Dirección General de Escuelas no le admitían promover de grado.

Con sus particularidades, una idea similar y menos abarcativa trajo a la Ciudad.

“Esta ley porteña es muy puntual: poder pasar de grado a un chico, en la misma escuela, cuando los conocimientos ya lo aburren. Es una solución parcial. Lo ideal es que pudiéramos armar, como hice en Mendoza, un sistema de escuelas públicas, de a una por distrito, que funcione para estas altas capacidades intelectuales”, explica. Una escuela para genios.

Los autores del proyecto dicen que lo ideal sería que haya una escuela por distrito destinada a lso alumnos de altas capacidades.

En la Ciudad de Buenos Aires hay 883 escuelas, la mayoría privadas: 454. Entre sus 2.500.000 de alumnos, unos 75.000 tendrían alto potencial intelectual. En Provincia, como se relevó para la presentación de la “ley Benjamín”, son 210.000 chicos. El proyecto bonaerense espera en la Comisión de Educación.

Qué se busca en la Ciudad

Lo primero es capacitar a los docentes para el abordaje de este programa. Lo segundo es “ayudar a la detección temprana y al acompañamiento de los menores que estén en condiciones de acceder a la aceleración”. Lo tercero es crear el Comité Evaluador de Altas Capacidades Intelectuales (CEACI), dependiente del Ministerio de Educación de la Ciudad, para que se expida dentro de los 60 días de recibida la solicitud de acelerar la educación de un alumno.

Ese comité estará conformado por un psicólogo, un psicopedagogo, un asistente social y un licenciado en Educación y será ad honorem. Según el experto que asesoró para el texto, eso hará que el proyecto, a diferencia del presentado en Provincia, que sí tiene un impacto en el presupuesto bonaerense, sea más factible de convertirse en una ley porteña.

¿Cómo se detecta que un chico tiene altas capacidades intelectuales?

La evaluación deberá ser interdisciplinaria, conformada por estudios académicos, psicológicos y psicopedagógicos, que determinen que “el aspirante alcanza, al menos, un nivel cognitivo entendido como talento o sobredotación”, ostenta “habilidades académicas superiores que alcanzan a las del grado o materias a las que aspira”; presenta un adecuado equilibrio emocional y social y evidencia alto grado de motivación hacia subir de grado o año”.

Ningún chico o chica será acelerado si no lo desea. Ni aunque lo diga un docente. Ni aunque lo digan sus padres. 

Ricart aprendió en Harvard de Howard Gardner, el psicólogo que formuló la teoría de las inteligencias múltiples: postuló que aprendemos, representamos y utilizamos el saber de diversos modos. Desde ahí el argentino creó su método pedagógico: “creativismo cognitivo”. Una vez aprobado el proyecto se verá cómo será su implementación.

¿Cómo sería la solicitud para subir a un chico de grado o año? La aceleración podrá iniciarse desde dos vías: desde el alumno y sus padres o desde un docente que así lo considere y tenga la autorización de los adultos a cargo. Luego la dirección de esa primaria o secundaria elevará el pedido al comité.

De no llegar a una decisión pasados los dos meses, el comité tiene, por única vez por caso, una extensión del plazo por 30 días.

“La realidad es que la Ley Nacional de Educación establece en el artículo 93 que todos los distritos escolares tienen que tener al menos una escuela para asistir a este tipo de chicos. Esto no se logra solamente acelerándolos, que es lo que promueve esta ley porteña, sino también brindándoles un montón de otros mecanismos didácticos y apoyo piscológico. La ciudad con esto tiene una deuda pendiente”, cierra el experto.

PS