Vacunados con Sputnik: qué alternativa tienen los argentinos para no ser “rehenes en el país”

“Soy del grupo Sputnik (una dosis) y veo que quienes recibimos esa vacuna estamos prisioneros dentro del país. No podemos viajar a ningún lado (por ejemplo, por trabajo, como me pasa) porque no podemos tener un esquema completo de dos dosis que es lo que piden en los países”. El mensaje, de una lectora de…

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“Soy del grupo Sputnik (una dosis) y veo que quienes recibimos esa vacuna estamos prisioneros dentro del país. No podemos viajar a ningún lado (por ejemplo, por trabajo, como me pasa) porque no podemos tener un esquema completo de dos dosis que es lo que piden en los países”. El mensaje, de una lectora de Clarín, representa la angustia de muchos argentinos. Una angustia que en realidad corresponde a un estadío previo a las restricciones que se avecinan ahora en Estados Unidos.

Estadío previo porque a partir del 1° de noviembre se estima que los inmunizados con Sputnik V, tengan una o dos dosis de la vacuna, no podrían ingresar en ese país. La especulación surge porque la vacuna rusa no fue aprobada hasta el momento por la Organización Mundial de la Salud (OMS), parámetro por el que se rigen las principales agencias reguladoras del mundo: la FDA estadounidense y la EMA europea.

Argentina integra el grupo de más de 60 países -donde viven unos 3 mil millones de personas- que compraron la Sputnik V. El Gobierno la utilizó para vacunar ya a más de 10 millones de personas, de las cuales 6 millones recibieron el segundo componente y algo más el esquema completo en combinación con Moderna.

Esos 10 millones de argentinos pueden representar poco en el contexto global, pero en nuestro país es el 22 por ciento de la población. Y es la población que hoy se encuentra, como dijo la lectora de Clarín, “prisionera dentro del país”. Es claro que el tema excede a la Argentina: la cuestión debe ser resuelta entre la OMS y Rusia, productor de la Sputnik V. Y por ahora el trámite se encuentra empantanado.

En todo caso, la responsabilidad del Gobierno es anterior: haber elegido como una de las principales vacunas para inmunizar a los argentinos una sin el aval de la OMS. Fue la “solución” que encontró el país en diciembre cuando AstraZeneca avisó que su producción se demoraría. Y cuando las prometedoras negociaciones con Pfizer entraron en un cono de sombra inexplicable.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS. Foto: AP

Como informó Clarín hace diez días, la aprobación de la vacuna rusa “está suspendida” y no se sabe hasta cuándo, según palabras del subdirector de la OPS, Jarbas Barbosa. El funcionario explicó que el Instituto Gamaleya no habría presentado las rectificaciones pertinentes en una planta de envasado que había sido cuestionada durante una inspección.

Así como hace unos meses la pregunta que no tenía respuesta del Gobierno era cómo haría para cubrir las segundas dosis de la Sputnik V ante la escasez evidente -hoy poco a poco eso se va resolviendo- el interrogante actual que se equipara con aquel por el vacío de respuestas es qué pasará con esos más de 10 millones de argentinos que han recibido la vacuna rusa y posiblemente se vean impedidos de ingresar a determinados países en la nueva normalidad.

Efectivamente, no hay consuelo inmediato para semejante incertidumbre. Y a medida que transcurre el tiempo, sin perspectiva de solución, crece la angustia de los que recibieron la vacuna rusa. Faltan 38 días para que la nueva disposición de Estados Unidos entre en vigencia y por ahora no se ven alternativas para el cepo a la Sputnik.

Clarín consultó tanto a fuentes del Gobierno nacional como del porteño, que no supieron responder a esta incógnita. Existe una confianza tácita, por otra parte, en que “de un momento a otro” Rusia “se digne” a presentar evidencia de las correcciones hechas en su proceso de producción, para que la OMS dé el visto bueno correspondiente.

La situación se plantea como un problema burocrático: los rusos siempre han sido reacios a la “convivencia sanitaria”, es decir, compartir información que le exige un tercero para aprobar su producto. Del mismo modo, se demoró en su momento la publicación del ensayo de fase 3 en la revista The Lancet y no tienen prisa en presentar papeles vitales respaldatorios de las vacunas que envía a la Argentina.

Un hombre recibe una dosis de Sputnik en La Matanza. Foto: Juano Tesone

Clarín pudo saber, por ejemplo, que hace una semana hay retenido 1,2 millón de dosis del segundo componente de la Sputnik V porque Rusia no envió la documentación que necesita la ANMAT para darle el OK y que esas dosis puedan ser distribuidas en el país. De igual modo, tampoco se apuran en liberar las dosis producidas por el laboratorio Richmond en el país.

Ese “caracter procastinador” de la administración rusa lo conoce bien el Gobierno, que ahora debe lidiar con eso. No por nada en julio la asesora Cecilia Nicolini envió a Moscú una poco amistosa carta que, para decirlo sencillo, le pedía al Fondo Ruso de Inversión Directa que se pusiera las pilas.

Según publicó Clarín este mismo jueves, en los últimos días se disparó la demanda de vuelos a Estados Unidos para octubre, apenas se conoció la restricción que empezaría a regir en noviembre. No sería de extrañar que muchos de los viajeros aprovechen el “último llamado” para recibir alguna de las vacunas autorizadas por la OMS. De esa manera, dejarían de depender de que Rusia cumpla con los requisitos que le pide la autoridad sanitaria mundial.

Otro lector de Clarín preguntaba si las personas que han sido inmunizadas con la vacuna rusa tienen la posibilidad de vacunarse otra vez en Argentina, con otra marca reconocida en el mundo. Ese escenario parece improbable en un contexto en el que si bien la escasez local de dosis ya no es un peso muerto, todavía queda por delante aplicar muchas segundas dosis, vacunar a todos los menores de edad y está en carpeta la posibilidad de una tercera dosis para el personal de salud y las personas con comorbilidades.

Arribo de dosis de Sputnik V al país, el 24 de agosto. Foto: Ministerio de Salud

Los argentinos tampoco tienen la chance de conseguir otra vacuna por fuera del sistema estatal, ya que el Gobierno es el único que hasta el momento puede comprar y distribuir las vacunas para que las provincias las apliquen. Los intentos de adquisición de vacunas por parte de los distritos por ahora no han sido fructíferos.

Uruguay podría convertirse en un gran receptor del turismo de vacunas en los próximos meses si el problema se perpetúa. Ya ha deslizado esa alternativa de cara al verano, con el objetivo de atraer viajeros. Claro que no todo está dicho aún, y siempre cabe la posibilidad de que el conflicto entre la OMS y Moscú termine de resolverse a tiempo, para calmar los ánimos de aquellos a los que en suerte les ha tocado el inoculante ruso.

Cierto es, también, que mientras transcurre la tensa espera se conocen historias no demasiado alentadoras, como la proliferación de tours de vacunas a Serbia que organizan los propios compatriotas de los creadores de la Sputnik V para poder vacunarse con Pfizer o alguna otra vacuna que les abra definitivamente y sin zozobra las puertas del mundo.

PS

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