“El secreto es nuestra materia prima”

Quizás muchas personas conozcan la sandwichería de la calle Catamarca, entre Corrientes y Tucumán, un local de color azul que todas las mañanas se llena de trabajadores que llegan a disfrutar del vermut o, quizás, un café mientras leen el diario. Todo eso era antes de la pandemia.Al día de hoy, los trabajadores de distintos…

“El secreto es nuestra materia prima”

Quizás muchas personas conozcan la sandwichería de la calle Catamarca, entre Corrientes y Tucumán, un local de color azul que todas las mañanas se llena de trabajadores que llegan a disfrutar del vermut o, quizás, un café mientras leen el diario. Todo eso era antes de la pandemia.

Al día de hoy, los trabajadores de distintos rubros pasan, compran y se llevan los sandwiches. Preventistas, remiseros, tacheros, repartidores, compañeros de las reparticiones oficiales que andan en cuadrillas, trabajadores de prensa… todos aquellos que andan “yirando” pasan por “Cleo”.

Muchos dicen que saben de la historia del comercio. Saludan a sus dueños como si fueran amigos de toda la vida, pero no conocen de la larga trayectoria de este negocio familiar forjado por vecinos que comenzaron desde abajo y que convirtieron el lugar en una parada tradicional de Salta.

El negocio y el nombre fueron idea de Ramón Omar Barrionuevo, más conocido como “Chaya” en el ambiente folclórico. “Todos piensan que Cleo es mi esposa. Pero no es así: Cleo fue mi mamá, que murió cuando yo nací. Me criaron entre mis 7 tías, en la Catamarca a unas cuadras de acá. Hace casi 30 años yo comencé con mi sandwichería y le puse el nombre de mi mamá. Luego conocí a quien hoy es mi esposa y todo cambió”, dijo el Chaya, irreconocible con barbijo y delantal.

Su esposa se llama Sonia Núñez y es la que toma la palabra para contar la historia del negocio. “En diciembre cumplimos 29 años”, dice seria. Sin dudas es una mujer fuerte, aunque también tiene aspecto de ser bastante bromista. Solo es cuestión de romper el hielo.

“Yo era una mujer con las uñas perfectas, trabajaba de tesorera en una compañía de seguro y era soltera”, cuenta en tono de chiste. Habla de ella cuando era una joven de unos 28 años, soltera, con un buen trabajo de oficina. 

“Era muy jodona en el trabajo. Por lo tanto todos me jodían cuando podían. Un día encargamos sandwiches y todos ya sabían que el que traía los encargos era un chango joven por lo que todos me comenzaron a joder con ese chico. Yo recuerdo un mostrador y ahí lo conocí al Chaya. Me dijo algo.

Otro día me invitó a salir. Fuimos al monumento Güemes, me regaló un CD con sus canciones y luego me cantó ‘Te quiero hasta la Luna’. Al otro día me regaló flores y a los seis meses nos casamos”, contó en un resumen que sintetizó el flechazo del Chaya.

“Cuando nos casamos, al poco tiempo, quiebra la compañía de seguros en donde yo trabajaba. De ahí yo comienzo a trabajar en la sandwichería y dejo mis uñas rojas y tacos altos por la mayonesa y el tomate en las zapatillas”, dijo riendo.

Por esos tiempos el Chaya integraba el trío “Salta Tres”, junto a Luis Arias y Miguel Ángel Villalba. Viajaban y se presentaban en distintos escenarios, pero podía estar frecuentemente en el negocio.

Cuando se desarmó el trío y al tiempo se armó la recordada primera formación de “Vale Cuatro”, fue tanto el furor de su música que comenzaron a salir en giras y presentaciones por todo el país.

“Ahí es cuando me comienzo a poner al hombro el negocio. El Chayita se iba por 15 días muchas veces. Eran giras eternas y yo comienzo a meter mano al negocio. Siempre se dice que las sociedades conyugales son difíciles, pero eso para nosotros no fue un problema. La única discusión que tuvimos fue cuando la quisimos bañar por primera vez a nuestra hija. Pero por lo demás, cada uno dice su punto de vista. Discordamos en algunos puntos porque es normal, pero siempre nos ponemos de acuerdo. Es un negocio cien por ciento familiar”, dijo la mujer.

Sonia y el Chaya tienen tres hijos. Sara, de 26 años, es licenciada en Comunicaciones Sociales; Valentina, de 24, en Criminología; y Ramón (Piruchi), de 19, incursiona ahora en Fisioterapia.

“Cuando comenzamos había solo sandwiches de miga. Luego yo comencé a ponerle mi impronta e incursionamos con el cerdo y las milanesas. Comenzamos a hacer los famosísimos de lengua a la vinagreta. Además, avanzamos con el ají y con la salsa de apio. Es mucha la gente que viene de todos lados solo a probar la lengua, el apio o el ají. Tenemos a muchos fanáticos”, dijo Sonia.

El toque de esa mujer fue fundamental porque además comenzaron a fabricar sandwiches envasados al vacío.

“Con atmósfera modificada”, explica.

Se trata de los productos que se consiguen en las estaciones de servicio y que consumen mucho los que viajan, por lo que la producción bajó por la pandemia. Hay toda una tecnología alimentaria que tiene trabajando al 50 por ciento del equipo. A todas las máquinas, las heladeras, las cocinas, las envasadoras las tienen en casa.

Todos los integrantes de la familia trabajan.

“Sara está más en la línea de venta. Valentina en la cocina, la famosa mayonesa de apio es de ella y Piruchi está intentando abrir nuevas alternativas, como el delivery de pizzas que surgió en plena cuarentena y que se está consolidando”, dijo Sonia sobre el presente. 

“Yo ya me quiero jubilar. Creo que el negocio seguirá siendo familiar. No veo otro futuro que el negocio en manos de nuestros hijos porque son ellos los que saben cómo se maneja todo. El secreto lo saben todos: es utilizar la mejor materia prima, los mejores productos. Nosotros no cambiamos de proveedores y es por eso que todos vienen a comer nuestros sandwiches”, dijo la empresaria sobre cómo ve el futuro del negocio.

Nuevas perspectivas

El dato curioso lo aporta el hijo más chico de la familia, el “Piruchi”, que hace casi dos meses lanzó su emprendimiento en un contexto atravesado por la cuarentena. 

El changuito, de 19 años, armó “L’Pizzet”, que es un servicio de entrega de pizzas y pizzetas a domicilio para el centro y macrocentro de la ciudad.

Comenzaron con solo dos variedades: común y especial y ahora ya están vendiendo una cantidad importante. “La idea es tener siempre a mano pizzas caseras para pedir o para buscar al paso y luego calentarlas en la casa”, dijo el Chaya orgulloso de su hijo. El servicio de pizza funciona de martes a domingos, de 19 a 24, y hay que llamar al 4230012 o pedir por mensaje al 5493875883030. También tiene una cuenta de Instagram que se busca como “L_Pizzet” .

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