La economía llegó a la crisis sanitaria con caída del PBI de 4,6% en 2018-2019

El Indec publicó ayer el dato oficial de la variación del PBI durante el crítico 2019: la caída fue de 2,2% interanual. Ese número mostró una característica diferencial del caso argentino, respecto al resto del mundo, frente a la fuerte crisis que se descuenta causará el coronavirus. Y es que la actividad local venía cayendo…

La economía llegó a la crisis sanitaria con caída del PBI de 4,6% en 2018-2019

El Indec publicó ayer el dato oficial de la variación del PBI durante el crítico 2019: la caída fue de 2,2% interanual. Ese número mostró una característica diferencial del caso argentino, respecto al resto del mundo, frente a la fuerte crisis que se descuenta causará el coronavirus. Y es que la actividad local venía cayendo en forma acelerada: entre 2018 y 2019 la baja del PBI fue de 4,6%, número similar a la peor proyección de una consultora acerca de cuál será la destrucción productiva durante el 2020 (por ahora, Elypsis y Grupo SBS proyectaron 4,5%).

“Llueve sobre mojado”, tituló la consultora LCG acerca de lo que el nuevo cisne negro podría generar. Una bandada de cisnes negros. La caída interanual del PBI informada por el Indec fue de 1,1% durante el cuarto trimestre (y de 1% respecto al tercer trimestre, lo que demuestra que nunca rebotó). LCG descuenta que durante el segundo trimestre del 2020 la contracción interanual será de 5,6% y durante el tercero de 3,8%.

El escenario de la consultora fundada por Martín Lousteau es de mínima y aún no toma en cuenta la posibilidad de que se extienda la cuarentena. Serían bajas similares a las del 2018 y principios del 2019, cuando la economía comenzó a desplomarse y todavía comparaba con la “bonanza” del 2017. Para la consultora Invecq, si la cuarentena se prolonga 15 días más, la contracción ya será de 5% e irá empeorando en la medida en que el parate continúe.

Observando desde la demanda, en 2019 la caída de la inversión fue de un extraordinario 15,9%. Desde ya, esa contracción no ocurrió por una transferencia de ingresos hacia los sectores más propensos a gastar, sino que la dinámica fue al revés: el consumo cayó 6,4%, fue la principal explicación de la contracción del PBI y arrastró en su camino a la formación de capital fijo. El gasto público no aportó nada, en pleno ajuste fiscal, y cayó 1,5%. Las exportaciones, en cambio, rebotaron tras la sequía del 2018 y marcaron una mejora de 9,4%.

Desde la oferta, los sectores que peor desempeño tuvieron fueron los más relacionados con lo urbano, en línea con la contracción del salario y el consumo: mientras el agro mejoró 21,9% tras la sequía, la industria cayó 6,3%, el comercio 7,8%, la construcción 5,5% y la intermediación financiera 11,5%.

Entre analistas parece haber coincidencia en que el paquete de medidas se queda corto en cuanto a apuntalar a la oferta, es decir a las empresas, aunque la alta proporción de trabajadores informales complejiza y exige también soluciones por parte del Gobierno. Hasta acá, el programa de emergencia tiene una incidencia de 2,1% del PBI si se suma lo fiscal y lo crediticio, y de 0,6% en términos meramente fiscales.

LCG detalló el panorama que se viene para las empresas, según los sectores a los que pertenecen. La industria, por la menor demanda global y el efecto de la cuarentena sobre la productividad, volverá a sufrir una caída, aunque no tan pronunciada como la del 2009, que fue de 5,7%, porque esta vez el sector ya viene en franco desplome en la previa. La construcción también, ya que la crisis hará que las empresas y hogares pospongan decisiones de inversión, aunque el plan oficial de obra pública por $100.000 millones, y el Procrear, matizarán. El comercio, como la industria, opera en mínimos históricos y sólo esa dificultad de caer más moderará su contracción. El turismo ya sufre una parálisis absoluta y no se reanimará demasiado, por el impacto que sufrirán los ingresos en general.

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