China acentúa la cooperación con EE.UU.

La importancia de China para el mundo es cada vez mayor. En los últimos 10 años, más de 35% del crecimiento de la economía mundial ha sido obra de la demanda china.La tendencia se acelera con 74,6% de aumento del producto (+6,2%/ +6,4%) en los primeros 6 meses de 2019 que fue obra del consumo…

China acentúa la cooperación con EE.UU.

La importancia de China para el mundo es cada vez mayor. En los últimos 10 años, más de 35% del crecimiento de la economía mundial ha sido obra de la demanda china.

La tendencia se acelera con 74,6% de aumento del producto (+6,2%/ +6,4%) en los primeros 6 meses de 2019 que fue obra del consumo domestico, acompañado por un alza de los ingresos individuales reales de 8,1% anual en este periodo, por encima del PBI nominal.

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El resultado fue que, a partir de 2008, el saldo neto de la balanza comercial ha sido nulo o negativo; y el superávit de cuenta corriente que ascendió a +11% del PBI en 2007 (+14% si se le suma la inversión extranjera) ahora es cero o negativo.

De ahí que 98% del auge de la República Popular sea obra de la demanda domestica. China depende cada vez menos del sistema mundial para expandir su PBI, el segundo del mundo (US$13.9 billones).

Este fenómeno central de la economía mundial está acompañado por un alza excepcional de su intercambio global. China se transformó en la principal exportadora global de bienes en 2009, por encima de EE.UU. y de Alemania.

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También se convirtió en la principal nación comercial del sistema (exportaciones + importaciones) en 2013, con una participación en el intercambio mundial sólo superada por Gran Bretaña en la Primera Revolución Industrial (1780/1840). La participación china en el comercio mundial de bienes pasó de 1,9% del total en 2000 a 11,4% en 2017. Sobre 186 países en el mundo, China es el mayor socio comercial de 144.

La transnacionalización de las compañías chinas también se intensificó; y el número de firmas de la República Popular que operan en el mundo creció 16% anual a partir de 2010 (pasó de 10.167 a 37.164 en ese periodo).

El Índice Global Fortune 500, que fija cuáles son las 500 principales trasnacionales del mundo, incluyó 110 compañías de la República Popular en 2018 (126 firmas son norteamericanas); y en el 1% de arriba de las que ofrecieron mayores ganancias, 10% son chinas (eran 1% en 1995/1997).

Este proceso de participación en el mundo no es sólo de las compañías chinas. El total de estudiantes de la República Popular en el exterior ascendió a 608.400 en 2018, 16 veces más que en 2.000, y más de 350.000 se encuentra en EE.UU. A su vez, los turistas chinos que viajan al exterior ascendieron a 155 millones en 2018, y más de 40% de ese total lo hicieron a Europa y EE.UU.

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El gasto en investigación y desarrollo (R&D) científico y tecnológico de China se multiplicó 32 veces en las últimas dos décadas: de US$ 9.000 millones en 2000 a US$ 293.000 millones en 2018; el segundo del mundo después de EE.UU.

Todo esto ha ocurrido cuando las importaciones de patentes y propiedad intelectual han crecido incesantemente. En 2017, China importó tecnologías (pago de patentes) por US$29.000 millones; y 31% de ese total provino de EE.UU., 21% de Japón, y 10% de Alemania (McKinsey Global Institute / MGI / 2019).

La integración del sector de alta tecnología del sistema productivo chino (economía digital) con el sistema global es prácticamente total; y la República Popular respondió por más de 40% de las ventas globales de Internet móvil (smartphones) en 2018; y el porcentaje de vehículos eléctricos que produce y vende superó 64% del total global.

El correlato de este hecho es que las 10 principales empresas high tech estadounidenses, encabezadas por Apple, obtienen entre 14% y 30% de sus ingresos de la demanda de la República Popular.

Junto con EE.UU., China está a la cabeza de la innovación tecnológica, sobre todo en las 3 tecnologías decisivas del siglo XXI: Inteligencia Artificial (AI), Internet de las Cosas (IoT) y robotización. Esto obliga estructuralmente a la República Popular a acentuar su integración al mundo, sobre todo con EE.UU.

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La regla es la siguiente: a medida que aumenta la complejidad y densidad del desarrollo tecnológico, la cooperación entre China y EE.UU. es cada vez más necesaria, en especial respecto a la tecnología crucial de la nueva revolución industrial, que es la Inteligencia Artificial (AI). En ella, China disputa la primacía con EE.UU. en un proceso inescindible de competencia y cooperación.

Más de 58% de la población china integrará el segmento de “alta afluencia” en 2030 (US$45.000/US$ 55.000 anuales), con un nivel de consumo que sería 65% / 70% del norteamericano.

El objetivo chino es lograr que la “economía digital” abarque 60% del producto en 2030; y para eso es esencial la participación de las empresas high tech norteamericanas. El stock de inversión extranjera (IED) alcanza hoy a US$2.4 billones, y se duplicaría en los próximos 10 años.

El acuerdo con EE.UU. es absolutamente central para la República Popular; y lo que ahora está negociando con Donald Trump es la forma y condiciones de la expresión pública de ese pacto, sobre la premisa del reconocimiento del liderazgo global norteamericano.

La cultura estratégica china respeta ante todo el poder; y está tan segura de sí misma fundada en sus 5.000 años de historia, que reconoce hoy que el poder en el mundo está en manos de EE.UU.