Escritos desobedientes: el relato de familiares de genocidas que buscan justicia

SALTA (Redacción) – El domingo 24 de marzo se conmemoró en Argentina el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Días después, se publica un libro que contiene los relatos de familiares de genocidas que llevaron a cabo delitos de lesa humanidad: Escritos desobedientes. Tuvimos la oportunidad de hablar con María…

Escritos desobedientes: el relato de familiares de genocidas que buscan justicia

SALTA (Redacción) – El domingo 24 de marzo se conmemoró en Argentina el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Días después, se publica un libro que contiene los relatos de familiares de genocidas que llevaron a cabo delitos de lesa humanidad: Escritos desobedientes. Tuvimos la oportunidad de hablar con María Laura Delgadillo, una de las coautoras del libro.

En el 2017, se limitó la ley del 2×1 para que represores no puedan utilizarla a su favor. Es en aquel momento, en medio de toda la polémica, que los familiares de los genocidas deciden unirse: “Nos empezamos a encontrar y decidimos juntarnos para formar un colectivo con una voz política, no solamente para contenernos entre nosotros o hablar o escucharnos, si no tener una acción política dentro de lo que es la sociedad” afirma María, que, como la mayor parte de la sociedad, no quería que la ley libere a los criminales.

La ley procesal penal contiene dos artículos que prohíben que familiares directos de los criminales denuncien y testifiquen en juicio. Los familiares de los genocidas, quieren cambiarla: “Nosotros queremos que esa modificación se haga en esos artículos para con excepción de delitos de lesa humanidad. Esta modificatoria a la ley la propuso un compañero que su padre le confesó que era médico de campo de mayo, que le daba Pentotal, a las personas que arrojaban pibas al río, de la plata o el mar”.

Los relatos son crudos. Miles de familias fueron obligadas a bajar la mirada cuando el “jefe de familia” llevaba a cabo delitos que afectarían al país para siempre. Hoy, esos jóvenes hijos, primos, sobrinos, dan un paso adelante para contar la verdad: “Ellos en sus casas no eran de compartir sus actividades delictivas. No eran de comentar en sus hogares salvo como en el caso de Pablo que fue quien promovió la ley, que él ya era grande y lo fue acorralando al padre para que hablara y este le confeso esa situación. Pero la mayoría de los genocidas no se arrepienten, y tampoco dan datos, no quieren hablar. Nosotros los instamos a que den datos sobre donde están aquellos que fueron sus víctimas, que puedan dar datos de donde están los niños apropiados, eso nos interesa muchísimo a nosotros”.

Mucha polémica gira alrededor del número 30.000. Los negadores de la realidad que se vivió en nuestro país afirman que son muchos menos. Aunque un número no haga que la situación haya sido más ligera, los familiares de los genocidas comparten el pensamiento de las abuelas y madres de plaza de mayo: “Notros seguimos lo que los organismos históricos, como madres, abuelas, hijos, familiares, exdetenidos, todos esos que han hecho un recorrido en 40 años de democracia, apoyar lo que ellos afirman, y ellos afirman 30.000 y nosotros confirmamos, son 30.000. Quizás más porque la AAA tuvo sus víctimas, pero por ahora afirmamos que son 30.000”.

Nancy Morales, Liliana Furio y María Laura Delgadillo

Al ser consultada sobre su conocimiento personal de los delitos de su padre cuando era joven, María Laura Delgadilllo declaró: “En mi caso yo me entere muy próximamente al tema porque tengo una tía desaparecida que era hermana de él. En el 77 la secuestraron. Ella fue partera en el famoso caso de los mellizos Tolosa Richiardo. Asistió el parto de su madre y dio señas a las abuelas, razón por la cual al mes la secuestraron”.