Para el CEO de Goldman Sachs, la Argentina debe recrear el crédito rápido si quiere crecer

—EE.UU., Europa y China desaceleran su crecimiento. Hay optimistas y pesimistas sobre las perspectivas del mundo, ¿usted de qué lado está?—El crecimiento global puede desacelerarse, pero la expansión probablemente continúe. No vemos una recesión. Acá lo importante es que los bancos centrales reconocen la situación y están enfocados en el manejo de sus instrumentos para…

Para el CEO de Goldman Sachs, la Argentina debe recrear el crédito rápido si quiere crecer

—EE.UU., Europa y China desaceleran su crecimiento. Hay optimistas y pesimistas sobre las perspectivas del mundo, ¿usted de qué lado está?

—El crecimiento global puede desacelerarse, pero la expansión probablemente continúe. No vemos una recesión. Acá lo importante es que los bancos centrales reconocen la situación y están enfocados en el manejo de sus instrumentos para sortear los desafíos. La Reserva Federal y el BCE ajustaron sus políticas. Venimos de un período de crecimiento muy fuerte en el mundo y es cierto que hoy las tasas de expansión están abajo de esos picos. Pero están en línea con la tendencia de mediano plazo y el crecimiento de Europa y EE.UU. es razonable.

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—¿Y China?

—China podrá crecer al ritmo más bajo en 30 años pero es la segunda economía más grande del mundo. El desapalancamiento significativo de su economía del crédito impacta en la desaceleración, pero con los estímulos anunciados creemos que su actividad se moverá en dirección contraria en la segunda mitad del año. Lo mismo EE.UU. con el programa de recortes de impuestos de Trump. Eso favorecerá la actividad.

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—¿Qué pasará con los mercados emergentes en este contexto?

—Depende. Para hablar de emergentes hay que ver mercado por mercado y no meter todo en la misma bolsa. Cada economía tiene sus propias características. Unas registran superávits gemelos y están en un estadio más alto del desarrollo que otras. Ahora, ¿cómo impacta la política de la Reserva Federal en estos países? No hay duda de que a medida que EE.UU. sube las tasas, el dinero a nivel mundial fluye hacia donde están los retornos más altos y de ahí que hubo repatriación de dólares a EE.UU. en estos años. Pero en mi opinión, es más desafiante para los emergentes el nivel de sus desequilibrios macroeconómicos que los movimientos de capitales. Donde la macroeconomía está equilibrada, el porcentaje de deuda es adecuado, la inversión está orientada a la infraestructura y a sectores claves de la economía, esos países registrarán tasas de crecimiento satisfactorias. Pero aquellos cuyas bases no anden tan bien, enfrentan un panorama más desafiante.

—Como la Argentina.

—Argentina atraviesa un ajuste significativo. Los desequilibrios fiscal y externo, y la inflación, son frentes a ser atendidos. Y al mismo tiempo Argentina tiene que recrear un ambiente donde los bancos puedan extender los plazos de crédito para abastecer la expansión de la economía. Una transición así es desafiante. Siempre.

—¿Qué perspectivas ve de que el país sostenga el rumbo actual?

—Creo que el país va a quedarse en esta trayectoria. Y que trabajará en esta misma dirección porque hay muchos ejemplos en el mundo de economías que así lo hicieron y llegaron ‘al otro lado’, donde hay perspectivas mejores. Hay incertidumbres, como por ejemplo las elecciones y su resultado porque es un dato que enviará señales al mercado sobre qué tipo de políticas económicas podrían implementarse en el futuro. Pero si uno establece una lista de qué países tienen potencial para crecer en el futuro, no hay ninguna duda de que la Argentina figura en el top de un grupo selecto. Su potencial es notable.

—Concretamente, ¿a qué potencial se refiere?

—La infraestructura básica tiene oportunidades enormes si se llevan inversiones adecuadas en los sistemas de transporte, eléctricos, la economía digital y telecomunicaciones. Lo mismo la mano de obra, allí también hay potencial. Pero como en muchos aspectos, hacen falta cambios en regulaciones y leyes. Por ejemplo normas que faciliten el empleo de trabajadores y mejorar así la productividad.

—Nada de eso se ve que suceda pronto…

—No hay atajos. Estas cuestiones requieren un trabajo arduo, paciencia y, a veces, distintos ciclos políticos como pasó en Chile, Perú o Colombia. Pero, repito, Argentina tiene que seguir este rumbo y no transmitir incertidumbre. El mundo tiene un sentido de optimismo con Argentina pero, al mismo tiempo, de incertidumbre. Y creo que necesitamos que los inversores se focalicen más en lo primero y menos en lo segundo. Volviendo a su pregunta, la presencia de nuestro banco en la Argentina es una señal del potencial que vemos en el país y nuestro optimismo. Trabajamos mucho con las empresas más grandes en Argentina, el Gobierno y conectar al país con el mundo y traer capitales al país.

—¿El acuerdo con el FMI es bueno o malo para lograr ese cometido que usted señala?

—Los gobiernos van al FMI porque tienen que hacerlo, no porque lo desean. El programa provee estabilidad y seguridad mientras la economía transita el proceso de ajuste. Cuanto más rápido Argentina salga del programa con el FMI, mejor.

—¿Cómo ve la región?

—El mundo parece ser optimista con América latina. Vemos líderes nuevos, un potencial de cambio que puede haber en Venezuela, países con bases macroeconómicas en muy buena posición, y Brasil. Los mercados ven hoy muy de cerca qué sucede allí. Trump y Bolsonaro están reiniciando la relación y eso es clave.

—A diez años de la crisis de Lehman, los bancos de Wall Street tienen las reservas en niveles altos para cumplir regulaciones y darle seguridad al sistema. ¿Hay que rediscutir aquellas normas una década mas tarde?

—Tendría sentido en este contexto de calma bancaria global revisar algunos de los cambios en la legislación, ¿no? Y preguntarse: ¿tuvieron estas leyes consecuencias no buscadas? ¿Son aún necesarias? ¿Funcionan? Lo cierto es que hubo una respuesta apropiada y significativa a la crisis financiera de 2008. Se exigió a los bancos más capital y sanear sus balances. Las instituciones financieras hoy son más seguras. Pero es un error asumir que todo aquello hoy funciona bien.

—Usted reside en Londres, ¿qué cree que ocurrirá con el Brexit?

—A diez días de una fecha clave no sabemos qué sucederá sobre un proceso que lleva ya dos años y medio. Extraordinario. Creo que esto es un reflejo de que el país está dividido, pero también su Parlamento, la sociedad. Lo más probable es que haya una extensión del tiempo del proceso de salida, se verá si se trata de tres meses, de un año o dos.

—Brexit, el conflicto China-EE.UU., volvemos al principio… ¿en verdad no cree que la economía global no enfrenta amenazas?

—Siempre existen este tipo de cuestiones y riesgos. La pregunta es si se resuelven de modo apropiado. Si el Reino Unido deja la UE de un modo ordenado, no debería haber un impacto significativo en lo económico. Pero lo habrá si lo hace de mala manera. En el tema EE.UU.-China igual: si se ingresa en un conflicto comercial, se introducen tarifas, se llegará a un mal resultado. Pero veo que Washington y Pekín conversan, es una buena señal. Me parece bien que se reinicie la agenda comercial EE.UU.-China ya que esta economía cambió mucho en estas décadas.

—Pero impacta en los mercados…

—A los mercados no les gusta la incertidumbre. Y cuanta mayor sea la incertidumbre, peor es . Si una firma industrial invertirá millones en el Reino Unido, ¿concretará la operación esta semana o esperará? Hará una pausa. Demoras en este tipo de decisiones son negativas para la economía y el empleo. La incertidumbre afecta los sentimientos y la confianza de los inversores. Y la confianza es un componente importante para el crecimiento económico.