Toda la escuela de los chicos en una pantalla

Pocas personas ajenas a la docencia tienen idea de la dimensión del trabajo administrativo que hay detrás de un boletín de calificaciones o de una planilla de sueldos para el personal. Pero basta con detenerse a imaginarlo para espantarse ante la idea de que, hasta hace no tantos años, ese trabajo se hacía de manera…

Toda la escuela de los chicos en una pantalla

Pocas personas ajenas a la docencia tienen idea de la dimensión del trabajo administrativo que hay detrás de un boletín de calificaciones o de una planilla de sueldos para el personal. Pero basta con detenerse a imaginarlo para espantarse ante la idea de que, hasta hace no tantos años, ese trabajo se hacía de manera manual. Lo cual, además, tenía el riesgo de facilitar ciertas “travesuras” por parte de los chicos, como no mostrar a los padres el cuaderno de comunicaciones si éste venía con una mala nota.

El argentino Ariel Gringaus, actualmente CEO de Colegium, es ingeniero industrial, así que se contaba entre quienes desconocían estos entresijos. Pero corría el año 2000 cuando, junto con José Manuel Barros, su compañero de universidad en Chile, estaban a punto de graduarse, y se dieron un año para encontrar un nicho en el cual emprender o, al cabo de ese lapso, caer en la alternativa que ellos consideraban “mercenaria”: trabajar como empleados en una empresa ajena. Y claro, tratándose de ese momento —plena burbuja tecnológica— sólo podían pensar en “vender algo por Internet”, en palabras de Gringaus.

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Eran tiempos de pasar del brick al click. “Pero todo lo que se te ocurriera, había alguien que ya estaba haciéndolo o por lo menos pensándolo”, recuerda Gringaus. Sin embargo, él seguía pensando que tenía que haber una industria donde el cliente estuviera offline y quisiera estar online. Hasta que vio la oportunidad en los colegios: pensó en que los padres de los alumnos accedieran por Internet a las notas de sus hijos.

“Al final, investigando, vi que en varios colegios de Chile se usaba un software para eso. Pensé que era de Estados Unidos y pedí verlo, pero resultó que era de un tipo que trabajaba solo en su casa”, dice Gringaus. Se refiere a Alberto Bachler, también chileno, a quien le propuso “poner completamente toda” la información que los colegios necesitaran comunicar a los padres de sus alumnos, volviendo virtuales los boletines, el cuaderno de comunicaciones, la libreta de clases, etc. “Él me dijo ‘pero no tengo manos para hacer todo eso’, así que nos asociamos con él y con José Manuel”.

Así nació Colegium, en Santiago de Chile, hace 18 años. Hoy tienen 140 empleados entre su base chilena y sus oficinas en Argentina, Colombia, México y España, además de los clientes a los que atienden en Uruguay, Paraguay y Brasil.

La empresa tiene 140 empleados entre su base chilena y las oficinas en la Argentina, Colombia, México y España.

El hashtag de la compañía es #MásTiempoParaEducar y lo instrumenta a través de sus aplicaciones y plataformas, que el colegio puede seleccionar por módulos: para poner las notas, para mandar las comunicaciones, para cobrar, para hacer la admisión, para la biblioteca, para comer, etc. También hay módulos relacionados con el aprendizaje, para ayudar a los profesores a evaluar y diagnosticar a los alumnos (desde el jardín hasta los 12 años) y después, para suministrarles tácticas de trabajo grupal en las skills que los chicos necesiten desarrollar.

El desafío, en 2000, fue pensar en el modelo de comercialización. “Hoy parece obvio, pero en aquel momento fue una ‘idea loca’ mía el cobrarles a los colegios una suscripción mensual en lugar de vendérselo con la implementación”, afirma Ariel Gringaus. “Lo decidimos para eliminar las barreras de entrada. Igualmente fue difícil convencerlos, pero de a un colegio, dos colegios, empezamos a vender y hoy tenemos miles de clientes”.

Para dar una idea de lo que pagan los colegios —depende de los módulos que hayan tomado—, en la Argentina este fee mensual es de entre US$300 y US$800. Los ingresos de Colegium en 2018 fueron de US$15 millones entre todas sus operaciones.

¿Elimina esto el denostado, pero siempre concurrido, chat de mamis? Imposible. “Pero lo que hacemos es que toda la información del colegio tenga un canal ‘oficial’: tal día hay prueba, tal día hay acto. Con eso se baja la intensidad de algunos intercambios que puede haber entre los padres”, explica Gringaus, “porque cuando el colegio comunica oportunamente su información, no hay tantas vueltas.”

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